Justin Timberlake / Man of the Woods

Justin Timberlake es un “hombre del campo”. ¿Pero lo es en realidad? Una lectura a las letras del cuarto (o quinto, según se mire) álbum de Timberlake revela que el “campo” es, para Justin, un papel, una decisión estética; en definitiva es, como una camisa de “franela”, algo que Timberlake lleva puesto. Justin nos quiere hacer creer -por medio de la interpretación, al fin y al cabo- que ha crecido en una granja en el sur, en lugar de en Memphis. No pasa nada: esto es el pop. Y Timberlake, el papel, lo hace bien.

No había engaño en los adelantos de ‘Man of the Woods’ (bueno, en ‘Filthy’ sí, todavía no se sabe muy bien qué pinta eso por aquí). No, este no es un disco de country por mucho que Timberlake haya aparecido caminando a través de campos de trigo en los anuncios del álbum, pero tampoco es un trabajo intercambiable con el resto de sus obras. Hay un poso de Americana y folk en canciones como ‘Flannel’, esencialmente una canción de hoguera; hay baladas country-folk (‘The Hard Stuff’, ‘Say Something’) y guitarras acústicas tanto en las baladas soul (‘Breeze Off the Pond’, ‘Livin’ Off the Land’) como en los mid-tempos disco (‘Montana’), pero en general estamos ante un disco de R&B cuyas canciones nos cuentan lo mismo de siempre hablándonos de amor, sexo y, por primera vez en la carrera de Justin, la paternidad. Solo que ahora lo hacen a través de metáforas bucólicas y títulos como “viviendo del campo” (que no va sobre vivir del campo, sino sobre la humanidad de Timberlake), “la brisa del estanque” (que no va sobre la brisa de ningún estanque, sino sobre los haters) o “suministros” (que no va sobre Justin comiéndose una lata de garbanzos en su cabaña del bosque, sino sobre sexo). Justin dedica el título de su disco a su hijo Silas (el nombre significa “procedente de los bosques”). Pero digamos que la única manera de entender que ‘Man of the Woods’ habla sobre Silas es interpretando que nos cuenta la historia de su fecundación.

Son varios los aciertos de ‘Man of the Woods’, demasiados como para detenernos en sus desaciertos (el interludio ‘Hers’ es realmente abominable: en él Jessica Biel narra su amor por Justin a través de un texto escrito por… Justin). El disco presenta buenas melodías, buenos “grooves” y una producción impecable de Timbaland y The Neptunes, y aunque puede llegar a aburrir en sus momentos más intimistas (‘Morning Light’, ‘Young Man’), o a resultar desagradable en su aproximación al rock-soul de Prince (“me gusta tu rosa, te gusta mi púrpura”, canta Justin en ‘Sauce’, en una descripción eufemística súper necesaria de su glande), no estamos ante el fracaso que nos está vendiendo la crítica. Puede que el videoclip de ‘Man of the Woods’ sea ridículo, pero la canción, en su búsqueda de un nuevo ‘Don’t Worry Be Happy’, es simpática, y aunque ‘Filthy’ desentona en el conjunto del disco, ¿quién nos dice que no puede petarlo en una discoteca? Incluso ‘Say Something’, con su estúpido consejo “a veces la mejor forma de decir algo, es no decir nada” (¿como por ejemplo en esta frase?), ofrece una melodía hipnótica y bella, en una composición a la que es difícil poner peros (quizá la producción vocal no termina de brillar).

El sonido de Timbaland y The Neptunes siempre ha tenido un elemento orgánico (la base de ‘Cry Me a River’ era un beatbox), por lo que una simbiosis con el folk quizá era inevitable en un momento en que Timberlake busca proteger su credibilidad tras el éxito de la “peor canción de 2016”, y canciones como ‘Midnight Summer Jam’ (¡que incluye una armónica!) o ‘Montana’ consiguen sonar cálidas y naturales empleando ritmos funk y disco respectivamente, sin entrar en el futurismo de una ‘Don’t Hold the Wall’ (aunque la primera se le acerca). Aquí no hay producciones panorámicas y visuales como en ‘The 20/20 Experience’; en su lugar, hay composiciones recogidas, domésticas, como ‘Livin’ off the Land’ o la muy Stevie Wonder ‘Higher, Higher’. Puede caer mal por muchas razones, pero no se puede negar que la voz de Timberlake aporta una textura muy atractiva a los sonidos R&B de Timbaland y The Neptunes, como demuestra el espectacular puente de ‘Supplies’ o la misma ‘Man of the Woods’.

¿Qué ha cambiado, entonces, en la carrera de Justin Timberlake para pasar de hacer el segundo disco más vendido de 2013 a su disco peor valorado? La música, desde luego, no ha empeorado tanto como para que ‘Man of the Woods’ esté recibiendo tantos palos. Evidentemente, ahora toca criticar a Justin por su arrogancia, su ignorancia ante temas como el feminismo o el racismo, el machismo con el que trató su ruptura con Britney o a Janet tras la Super Bowl de 2004 (¡el karma!)… Todas estas críticas son merecidas, pero no hace falta trasladarlas a un disco que, sencillamente, está bien. Si Justin abordara todos estos problemas con el mimo con el que aborda su música, otro gallo cantaría…

Calificación: 6,5/10
Lo mejor: ‘Midnight Summer Jam’, ‘Man of the Woods’, ‘Higher Higher’, ‘Montana’, ‘Livin’ Off the Land’
Te gustará si te gusta: Stevie Wonder, Michael Jackson, John Legend, Miguel
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